|
||
![]() ¿Dónde estás tú?, ¿Quién eres tú?Un nombre, una historia, experiencias, nuestra propia estructura de personalidad, el entorno en el que vivimos lo que un día nos dijeron que debíamos ser, lo que nos dicen que somos, lo que creemos ser…todo esto es lo que nos estructura, lo que muchas veces constituye la base de lo que decimos ser. Históricos y diversos Manuales de Clasificación, complejos sistemas de ordenación de personalidades han permitido apaciguar la angustia de saber cómo funcionamos, qué somos o cómo podemos tratarnos. Esta estructuración nombra y conceptualiza nuestra historia, ordena las responsabilidades y culpas del pasado, y a muchos alivia, porque se historiza una experiencia, se pone nombre a lo que ocurre, se encuadra una vivencia que generalmente porta un malestar – que ahora “pertenece al pasado”-. Sin embargo, esta etiqueta hoy día a muchos nos determina, dejándonos sin posibilidad de elección. Entonces, se crea una cárcel imaginaria. ¿Qu Nos rodeamos de etiquetas, hablamos del paranoico, del obsesivo, del perfeccionista, del controlador, del manipulador, hablamos de cómo las cosas en nuestro entorno nos determinan, hablamos de que la vida que tenemos, el trabajo, la sociedad en la que estamos nos marca caminos, nos abre y nos cierra posibilidades… ¿Dónde queda la persona?, ¿Dónde está la posibilidad de elección y acción? Por ejemplo, las personalidades obsesivas, dominadas por el control, o rituales compulsivos, de exigencia anormal, constituye una estructura, sin embargo esa marca aunque establece un patrón, exportable a todas las áreas, y que inevitablemente la llevamos a nuestras relaciones, a nuestro trabajo y a la relación que establecemos con él, no siempre es la condena vital de una persona. Entonces la pregunta que surge es la siguiente, ¿Lo estructurante es realmente determinante? Esta pregunta la llevo a todas las áreas del ser humano. Es indiscutible que nuestra forma de funcionar está estructurada por una historia, por un núcleo familiar, por un contexto social y político, y por supuesto por una cuestión personal. Sin embargo, esa estructuración al dar ese orden no sentencia necesariamente nada. ¿Por qué me interesa plantear esto? Porque muchas veces se fantasmatiza nuestra situación actual, como una única posibilidad de acción, como la única posibilidad de elección, y como la condena de nuestra situación. El objetivo a pensar entonces es qué hacemos con esa estructura, nos sometemos a ella como un esclavo ante su amo?, renunciamos ante la ilusoria suposición de determinación? O nos permitimos pensar en algo diferente. En un cambio de posición, en una nueva posibilidad de canalizar nuestra historia. No existe un manual de la normalidad, por lo tanto, el cómo y el qué hacemos con nuestra historia -que para todos en algún punto es conflictiva- es la tarea. Nos identificamos al problema, como un destino inevitable, como un mito que repite una y otra vez la misma estructura en un tiempo inmóvil que no permite nada nuevo o intentamos resignificar nuestra historia y le damos cabida al “acontecimiento”, a la real historia. Esa inmovilidad o estructura opera como un obstáculo, es lo que muchas veces no permite la realización de la persona, funciona como un poder destituyente o desconfirmador del sujeto dejándolo en un “no sé cómo hacerlo”, “no puedo”, “me es imposible”, “no me resulta”, etc., realzando con estas declaraciones el carácter pasivo de su vida, padeciendo de sí mismo. Esa estructura, esa historia de nuestras vidas, opera como un fantasma, que muchas veces posibilita un “parche”, con forma de estructura narrativa que detiene, para y ancla, condenándolo a un mismo recorrido siempre, lo que justamente no admite es abrir posibilidades, por lo tanto el objetivo es permitir la emergencia de una nueva construcción de esa historia y de sí mismo. Ahora vuelvo a preguntarte, ¿Quién eres tú?... ¿Qué buscas?, ¿Qué sueñas?... Esa es mi invitación. |
10/07/2009
01/04/2009
05/12/2008
02/11/2008
18/09/2008
12/08/2008
30/06/2008
|
|